La había conocido por casualidad, o mejor dicho, a golpe de comentario. Sabía que lo que escribía, a ella le gustaba. Le había tomado el punto a sus gustos literarios. Sabía lo que tenía que escribir aunque en la mayoría de ocasiones no le gustaba lo que escribía; pero escribía para ella...
domingo, 25 de septiembre de 2011
Amor a golpe de comentario
La había conocido por casualidad, o mejor dicho, a golpe de comentario. Sabía que lo que escribía, a ella le gustaba. Le había tomado el punto a sus gustos literarios. Sabía lo que tenía que escribir aunque en la mayoría de ocasiones no le gustaba lo que escribía; pero escribía para ella...
jueves, 22 de septiembre de 2011
Para todo lo demás... saca a pasear a tu perro
viernes, 9 de septiembre de 2011
La escuela de la vida
Fue precisamente en el camino hacia la facultad cuando pude observar un hecho digno de convertirse en noticia. Hecho, por otro lado, que de no ser por este modesto blog se quedaría simplemente en eso, en un hecho. Pues bueno, conducía tranquilamente por la gran Avenida de la Libertad –una de las grandes arterias de la capital del Vinalopó– cuando de momento, y siguiendo el código de circulación para ceder así el paso a los peatones. La cosa es que en los primeros 28 de los 30 segundos que tarda ese semáforo en cuestión de pasar de rojo a verde, no pasó ni un sólo peatón. Justamente cuando el monigote verde –que indica libertad de paso peatonal– estaba parpadeando para cambiar a rojo se acercó una joven con rasgos asiáticos al paso de cebra con el objetivo de cruzarlo. Pero, ¿qué hizo? ¿Cruzaría cual kamikace el paso de peatones jugándose la vida? ¿O por el contrario, esperaría a que el monigote volviera a verde, respetando las normas? Y por último, ¿qué hubiéramos hecho los españolitos de a pié en ese caso? Pues bueno, la chica esperó pacientemente a que el Señor Verde reapareciera.
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| ...Mira... Sé que nosotros te aprobamos la hipoteca basura, pero ¿cómo íbamos a saber que tendrías dificultades? |
Y leyendo lo leído aún nos preguntamos cómo puede ser que países como China o Japón estén viviendo años de desarrollo económico –aunque no político, en el caso de China–. En la cultura asiática no existe la improvisación, todo queda atado y bien atado. Todo sigue sus reglas. Por eso, mientras en Occidente nos acordábamos de los padres de Lehman Brothers –y de su gran invento, las hipotecas basura–, los asiáticos ponían buena cara a los nubarrones que estaban por venir.
Conclusión, yo más que aprender alemán, aprendería chino. Aunque como le decía Ana Botella a Aznar: "Las lenguas no están de más, Josemari".
P.S.1: Prometo no hablar más de chinos por lo menos hasta la próxima entrada. Si tienes "mono" del mundo asiático, te puedes pasar por aquí.
P.S.2: Os recuerdo que este blog tiene la opción de añadir comentarios.
viernes, 19 de agosto de 2011
TELETIPO TRES DELICIAS
Li Yuang se compró todos los periódicos que pudo adquirir con el presupuesto destinado a tal partida. Su sueldo no era muy alto. Los sueldos en China, para los chinos, no son muy altos.
Este habitual hecho –el de la compra masiva de periódicos– lo venía desarrollando desde hacía unos meses, concretamente desde que su amigo Lei Chu le inició en aquella logia extraña, a la que solo se podía penetrar adjuntando la baja de algún socio junto a la posterior invitación de otro.
Había transcurrido mucho tiempo desde que leyó por última vez una noticia interesante en aquellos diarios. Últimamente todos los periódicos hablaban de las revoluciones islámicas y de los indignados europeos; de la prima de riesgo y del techo de deuda de los diferentes países… Noticias anodinas, carentes de color, carentes de interés… Pero su logia en general y él mismo en particular se encontraban ahí para solucionar ese problema.
Tras consultarlo con sus superiores y después de que estos le dieran el visto bueno, Li Yuang se preparó para su gran salto a la fama en formato de teletipo que en seguida se transmutaría en un breve de cualquier periódico falto de publicidad o en un post colgado en meneame.net.
Un chino mete la cabeza donde no debe
Pekín / Benito Camela.- Li Yuang era un chino de los que podríamos denominar del montón. Como tantos otros comía arroz, bebía sake, cantaba en los karaokes y de vez en cuando se daba una vuelta por su pueblo en su bicicleta plegable azul, regalo de su madre, por cierto. Su vida era un tanto rutinaria hasta que en el día de ayer, pretextando sus apetencias por penetrar en los anales de la historia, decidió retar a la suerte –y a las leyes de la física– y entrometió su cráneo entre dos de los barrotes que conformaban la balaustrada de su balcón.
“Era un chico muy raro. Siempre solía alquilar películas-documentales del tipo ‘Dime cómo es tu balaustrada y te diré quién eres’ o ‘Ya que metes la pata, métela bien’, comenta la tendera de su videoclub de cabecera, Yolobi Sionotò, y añade ‘Lo conozco desde que era chico y bla bla bla bla bla bla bla bla…
viernes, 3 de junio de 2011
Esparadrapo en la boca


