lunes, 24 de enero de 2011

Esto es muy fuerte...

Muy fuerte es que retiren las pagas a aquella gente que no tiene trabajo... Pero, como dijo alguien, cada persona es un mundo. Y a estos señores que nos gobiernan parece que no les importa mucho la vida de sus conciudadanos. Será porque a ellos les espera una pensión -por llamarlo de alguna manera- vitalicia, esto quiere decir para toda la vida, por el simple hecho de ser diputado o senador; por el simple hecho de pasarse unos cuantos años sentados en unos cómodo sillones, apretando un botoncito de vez en cuando y aplaudiendo a sus líderes y abucheando a los líderes del equipo contrario. Me parece muy fuerte...
Me parece muy fuerte que una institución creada para no sé qué (€) y los distintos gobiernos que forman esa institución, así como otros tantos gobiernos de otros países, se pasen por el forro a aquellas personas gracias a las cuales ellos están ahí. Al igual que me parece muy fuerte que los gobiernos (tanto de derechas como de izquierdas) estén apoyando tanto a aquellos ($) que no supieron gestionar bien el dinero que tenían en sus manos pero que no era suyo.
Toda esta reflexión político-filosófica-económica rozando los ideales keynesianos viene por el podcast de Protagonistas (Punto Radio) que acabo de escuchar... Os lo linkeo y ya me contáis...



viernes, 17 de diciembre de 2010

Entre risas, y no tantas risas

Está claro que día tras día nos echamos a la carretera para ir a estudiar, currar, o por placer, y no recapacitamos (o no lo hacemos lo suficiente), para poder ver de una manera clara que precisamente ahí, en la carretera puede estar nuestro final (sí, sí: nuestra muerte).

¿Por qué digo esto?, os preguntaréis. Precisamente, hace unos días nos ocurrió una cosa (a mí y a mi copilota) que me hizo reflexionar... Os cuento la historia, ¿vale?

Iba yo en mi coche tranquilamente (a unos 80 km/h) de camino hacia mi casa, tras una dura jornada de universidad -para que luego digan que los estudiantes no hacemos nada, y sobre todo en estas fechas prevacacionales-. Yo, personalmente, estaba muy agotado y deseando comer para posteriormente echarme una siestecilla reveladora.

Quiero pensar que precisamente por ese motivo, el de querer llegar pronto a su casita, una individua transitaba por la carretera a "to' hostia", cual carromato de Bonanza en los desiertos de Almería, teniendo las rayas que dividen los carriles por guía, y por tanto ocupando ambos (el de ida y el de venida). Hasta ahí todo "bien", si no fuera porque en ese momento entró en escena el factor B, es decir, mi copilota y yo.

Como he dicho anteriormente, llevaba el coche a 80 km/h (límite de velocidad permitido para esa carretera), por mi carril (dato importantísimo), cuando me encontré con la situación anteriormente descrita. En ese preciso momento vi mi vida pasar en diapositivas, el hilo musical del coche paso espontáneamente de Barbie de Extrarradio a Mis propios latidos del corazón (no es la última canción de David Bisbal...), y se me pusieron de corbata...

La situación transcurrió sin ningún incidente, pero yo y mi copilota nos cagamos en todo (esta última frase la podéis aplicar en el sentido que querráis; en cualquier sentido aplicado, acertaréis).

Tras llegar a mi casa y tomarme una tila para el susto, me puse a reflexionar sobre el hecho de que por una conductora incompetente -por llamarla de una manera fina-, en estos momentos podría estar en un hospital o en algún sitio peor...

Y como pensé, me surgieron ciertas dudas, como por ejemplo: ¿por qué alguien tiene que morir en la carretera sin comerlo ni beberlo, por la mala praxis de conductores insensatos? Y estos conductores insensatos, ¿saben lo que realmente llevan en las manos? ¿Tienen idea de que seguramente el resto de conductores quieran seguir vivos un poco más de tiempo? Y en lo que respecta a la ciudadanía y a sus líderes, ¿estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para disminuir tales hechos?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El cine francés también existe

Un hombre jubilado que tras la muerte de su mujer decide construirle un pequeño mausoleo a sus cenizas, mausoleo presidido por un enigmático gnomo de piedra que asombrosamente se va de viaje. Un joven cuya principal ocupación es recoger los retazos de las fotografías realizadas en un fotomatón y posteriormente rotas por los protagonistas principales de tales documentos, y que una vez recompuestos los retazos, los archiva en un álbum. Un viejo pintor con osteogenósis imperfecta que, tras veinte años pintando el mismo cuadro de Renoir, aún se pregunta en qué piensa la chica del vaso de cristal.

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Estos son algunos de los personajes que tarde o temprano se encuentran con la joven Amelie; quien intentará, de una forma o de otra, hacer la vida de los que la rodean un poco más feliz, para después encontrarse ella misma con este sentimiento perseguido por todos y hallado por muy pocos.

El visionado de esta película es fruto de la recomendación de una compañera y amiga que tras una conversación cinematográfica, intercambiamos varios títulos de películas entre las cuales se encontraba este film de Jean-Pierre Jeunet. En estos días de “descanso” he tenido la oportunidad y me he decidido a verla.

Es apasionante ver cómo a partir del accidente o magnicidio –según versiones- de Lady Di  se desarrolla una historia tan diferentes a ésta. Las sonrisas, el reconocimiento de situaciones y la ternura en algunos de los pasajes te sorprenden según avanza la historia.

Este film ha confirmado mi intuición sobre que el cine francés se encuentra, gracias a dios, muy lejano al cine que se desarrolla en los Holliwoods y a la vez bastante cercano al cine entendido como séptimo arte. Arte que también encuentra su morada en la excelente BSO compuesta por Yann Tiersen para esta película.

 

 

P.D: No tiene desperdicio la parida del gnomo viajero y la del pez suicida. Simplemente buenísimo.

lunes, 18 de octubre de 2010

Esbozo de una época

Espejo de mi carne, sustento de mis alas, // te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.

De esta manera hablaba el poeta Miguel Hernández a su esposa Josefina Manresa. Esposa, que como tantas otras, intentó seguir el mismo patrón de vida que a partir del año 36 se truncó debido a la lucha armamentística y de ideologías, debido a solucionar con los dientes lo que se pudo haber solucionado con la lengua.

En este año en el que se cumple un siglo del nacimiento del poeta oriolano, se han celebrado muchos recitales rememorando la obra de Miguel. Su obra; la obra de todos. Obra y arte que nos evoca una época rellena de angustias y miserias para todos, para ELLAS.

Escríbeme a la lucha siénteme en la trinchera: // aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo. Madres, esposas o novias, hijas, hijos… cadáveres vivientes de una complicada retaguardia. Con presencia en el frente, con presencia fuera del mismo. Ellas fueron el presente y el futuro de aquella sociedad etérea, gris, preñada de muertes y doctrinas políticas.

Antes eran solamente madres, esposas o hijas; después serían ayudantes en lo referido a la logística en batalla, motores de su casa y motores de la economía de su nación.

Ellas fueron incorporándose a los puestos de trabajo que los varones iban dejando. Como apuntan Torres Fabra y Calzado Aldaria en su artículo La vivencia de la guerra en los pueblos y ciudades, las mujeres se fueron incorporando a las tareas de producción. La fábrica de cemento en Buñol o la industria de guerra esparcida por toda la provincia de Alicante son algunos de los ejemplos de lo mencionado con anterioridad.

Un día iré a la sombra de tu pelo lejano. // Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo // cosida por tu mano. De ese modo dejaba reflejado Miguel Hernández sus apetencias por estar junto a su amada, un sentimiento recíproco. Una emoción compartida por todos, por los de un bando y los de otro. Algo en común entre tanta discrepancia, entre tanta lucha, odio y llanto. Un objetivo por el cual puede existir un mañana. Una meta –en muchos casos– totalmente inalcanzable.

viernes, 27 de agosto de 2010

Recorto y pego II

En este segundo capítulo de este microespacio en este mi blog, no pegaré y cortaré un fragmento de un artículo o reportaje que me ha llamado la atención por algo -llámalo X-, sino que voy a recortar y pegar un fragmento de un libro que me ha acompañado durante algunas semanas del caluroso verano que está a punto de acabar.
Este verano me ha dado el 'venazo' de leer alguna que otra novela de las catalogadas como históricas, pero históricas made in Spain, en todos los sentidos. Se trata de un fragmento de la primera novela de la profesora cluniense María Dueñas, El tiempo entre costuras.
He seleccionado un fragmento en el que una amiga de la protagonista describe cómo se vivió la Guerra Civil española en Madrid, aunque la descripción también puede ser extrapolada al resto del territorio nacional.
Debo confesar que un sentimiento de congoja me recorrió todo el cuerpo cuando lo leí y me hizo reflexionar sobre la razón por la cual las personas podemos llegar a esos extremos...


Madrid era un infierno. Todos sufrimos mucho, hija, todos. Los de las izquierdas, peleando día y noche para que no entraran los nacionales. Los de derechas, ansiando lo contrario, escondidos para que no los descubrieran y lo llevaran a las checas. Y los que, como tu madre y yo, no éramos ni de un bando ni de otro, esperando a que el horror terminara para poder seguir viviendo en paz. Y todo eso, sin un gobierno al mando; sin nadie que pudiera un poco de orden en medio de aquel caos. Así que le aconsejé que sí, que se fuera, que saliera de este sinvivir y no desperdiciara la ocasión de recuperarte.

¿Habéis leído el libro? ¿Qué os parece el fragmento? ¿Que pensáis? ¿Qué sentís?